Al sector inmobiliario no le falta tecnología. Le faltan preguntas nuevas. La industria lleva años puliendo las mismas respuestas de siempre, mejores portales, mejores filtros, mejores fotos, mientras el comprador ha cambiado sin hacer ruido. A una generación que vive su vida entera a través de una pantalla, que lo compara todo, lo verifica todo y quiere ver antes de creer, se le sigue pidiendo que compre una vivienda como lo hicieron sus padres: con un puñado de fotos y la promesa de que todo está en orden.
En ningún sitio es mayor esa distancia que en las compras transfronterizas. La comunicación se rompe, los procesos se alargan semanas y la información llega incompleta o discretamente omitida. Quien compra desde otro país toma una de las mayores decisiones financieras de su vida con menos transparencia de la que tiene al pedir unos zapatos por internet.
No es que la visita en persona haya dejado de importar. Tarde o temprano hay que ver la propiedad con los propios ojos, y ese momento no va a desaparecer. Lo que cambió es todo lo anterior: el comprador de hoy quiere llegar a ese momento por internet. Conocer el mercado, comprobar quién es el agente, ver la propiedad en directo, preguntar y acotar la elección, todo en remoto, para que el vuelo sea para decidir y no para explorar.
En ese hueco vive Vesteri. Existimos para que comprar propiedad en el extranjero se vuelva algo normal: puedes comprobar con quién hablas, ver una propiedad en directo sin cruzar media Europa en avión y recibir información fiable antes de comprometerte.
Creemos en lo que construimos por una razón sencilla: así es como querríamos comprar nosotros.